viernes, 18 de diciembre de 2009

Representin' latinos

El día de hoy, llegaron a Copenhague Evo Morales y Hugo Chávez en medio de un gran despliegue mediático. Lo hicieron en el momento más tenso, cuando la Cumbre afronta duras críticas por la intensificación de las medidas de seguridad y por reducir radicalmente el número de asistentes a las reuniones. Desde luego, ambos líderes expresaron su descontento con el hermetismo de la COP15, cuando dicen, deberían ser abiertas a todo el público.

Pero la verdad es que ni Chávez ni Morales vinieron a hablar del clima. Ni en la cumbre ni en el evento en Valby Hallen que presidieron. La propuesta de ellos en Dinamarca, no ha aportado nada nuevo, además del ya conocido discurso anti imperialista, los aplausos a Fidel y el honor a la memoria de Bolivar, acompañado por los ya tradicionales, cantos caribeños. No es el cambio climático el que les importa, sino el cambio de sistema, y esto ha sido una posición clara en ambos.

Valgan verdades, han encontrado el tierra fértil, pues uno de los grandes temas que ha traído la Cumbre, es la crítica al modelo económico capitalista, al cual se acusa de explotador, desmedido e inconsciente. Al respecto, el ALBA ha pedido que se establezca una corte internacional que pueda determinar y juzgar a los culpables de las emisiones de gas y contaminación mundial, así como el sometimiento a un referéndum mundial donde se decidir el camino a seguir.

El problema con estos dos actores, -y la razón porque su pedido no puede ser atendido con el debido peso- es que llevan a cuestan un lastre de odio a lo “diferente”. Chávez no puede terminar ninguna idea sin recurrir a una disputa histórica o a su paranoia yanqui. Siempre existen poderes maléficos detrás de la revolución boliviariana, y entonces, ya ni el clima, ni el tratado, y nada tiene sentido, porque primero está la lucha con los demonios internos. Entre la retórica, el recuerdo marxista-leninista y las burlas, Chávez, como los presidentes que callan o no asisten, terminan confirmando un patrón de silencio latinoamericano.

Silencio que de paso es respondido con indiferencia, pues definitivamente, si hay alguien que pierde más con el fracaso de la cumbre, somos los países en desarrollo, que no estamos en las posibilidades económicas o sociales de emprender políticas ambientalistas. Y aunque así lo fuera, el tema y sus efectos requieren esfuerzos trasnacionales.

Es una lástima que las voces indígenas, que mal que bien, se hallan presentes a través de ellos (porque ciertos presidentes evitan la responsabilidad o el compromiso democrático de representar a TODOS), terminen perdiéndose entre ideologías pasadas o críticas al vuelo. Porque cada vez que Chávez o Morales mencionan a Bolivar o Túpac Amaru sólo es para terminar en auto halagos. Porque si había un momento en que podíamos intentar a dar a conocer el potencial de los países latinos como áreas sostenibles, en desarrollo y sobretodo, consecuentes con nuestro pasado, era ahora. Y la hemos perdido, básicamente, por cobardes ausencias o por retóricas vacías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario